jueves, 11 de enero de 2018

San Martín de Trevejo (Cáceres), Extremadura



          La primavera se despierta y la Sierra de Gata comienza a vestirse con uno de sus mejores trajes de fiesta. El azul del cielo, el verde intenso de los campos y el murmullo del agua en sus calles nos hace sentir que estamos en un lugar especial ....




    San Martín de Trevejo, ya con su nombre tiene que atraer al caminante. Se adentra en sus calles y te lleva de esquina en esquina disfrutando de sus fuentes, su empedrado hecho con tesón y esmero, sus rincones ensombrecidos donde duermen los sueños y las caricias de la noche.




 
      La tarde avanza y nosotros también, paso a paso vamos abriendo puertas donde las historias saltan de siglo en siglo, donde un anciano nos recuerda que las arrugas son pura sabiduría y las maderas envejecidas son testigos de otro tiempo .... y también de este que nos ha tocado vivir.




       Puertas que encierran tras ellas un olor a añejo, a tradiciones, a días enteros fuera del hogar regados con sudor y trabajo. Cerrojos que no son otra cosa que la señal pura y dura del terruño bajo tus pies.




    Y así, poco a poco vamos siguiendo el murmullo del agua, ese agua que va regando corazones solitarios en los portales. Ese agua que humedece los pies y la cabeza del que pasa por estas calles sin detenerse .....



       Con la sombra a nuestro lado y los poyetes a cada paso, la calle se hace angosta, como si quisiera unir en su seno la paz y la tranquilidad del espíritu. Te acoge y te arrulla tiernamente bajo sus aleros y al fondo se oye un buenas tardes sincero y agradecido.



              La tarde va cayendo y las nubes van tomando posiciones en el horizonte, pero el color de las plantas todavía aprovecha los últimos rayos de sol agrupadas en los escalones buscando cobijo .....




...... Seguimos con el agua a nuestros pies y en la esquina la historia parece detenerse para contarnos chismorreos de duques y doncellas, de campesinas y pastores enamorados, de fantasmas del pasado que vagan las noches de invierno por las balconadas.




     El tiempo pasa irremediablemente y una lavandera nos deleita con su presencia, testigo también de otra época de costumbres y necesidades abandonadas. Allá donde el agua siempre fue protagonista .... siempre protagonista y testigo del devenir de la vida de los pueblos. El agua es y siempre fue pura vida.




      Y así, con las últimas luces de la tarde asomando por el campanario nos vamos alejando del murmullo del agua, de las risas de la taberna y de las historias en boca de los ancianos. El caminante, como siempre, mira hacia atrás para quedarse con una última imagen ....



       La plaza ya vacía deja entrever sus miserias y grandezas, sus luces y sus sombras ... sus viejos muros resistirán una noche más el silencio de la oscuridad. Volverán a sus esquinas los fantasmas incansables de los siglos porque la historia nunca para, sigue y sigue.




      Y  hoy, como cualquier otro día, el sol se irá y nos deslumbrará con sus bellos atardeceres. También como él, allí estaremos nosotros para disfrutar y sentir el frescor de la noche sobre nuestras cabezas.
     Un sueño, una realidad ...... y un deseo !!!!!!

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